Terapia de pareja: cuando el amor sigue, aunque la convivencia ya no alcanza
Pedir ayuda antes de llegar al límite puede evitar que una crisis de pareja se convierta en una ruptura.
La psicóloga y especialista en terapia de parejas Laura Torres de Vázquez habló en el programa Residentas, del canal GEN, sobre las señales que deberían llevar a una pareja a consultar, la importancia de trabajar individualmente y juntos, los desafíos que aparecen con los hijos y una clave que suele perderse en medio de las discusiones, que es la de volver a mirar lo bueno que hizo que dos personas se eligieran.
En nuestro país todavía existe cierta resistencia a pedir ayuda profesional cuando una relación atraviesa dificultades. Muchas parejas llegan a terapia cuando el conflicto ya está instalado, después de años de discusiones, distanciamiento o falta de comunicación. Para la licenciada Laura Torres de Vázquez, psicóloga y especialista en terapia de parejas, esperar hasta ese punto puede hacer que el camino sea mucho más difícil.
La profesional comparó con acudir al dentista cuando el dolor ya resulta insoportable. Con las relaciones puede ocurrir algo similar. La recomendación es consultar cuando aparecen las primeras señales de incomodidad, desconexión o distanciamiento.
“Más vale llegar un año antes que un día después”, explicó al recordar una frase que suele utilizar en otros ámbitos de la orientación familiar. No hace falta esperar a que una pareja esté al borde de la separación para buscar herramientas que permitan mejorar el vínculo.
¿Hay que llegar juntos a terapia?
Una de las dudas más frecuentes tiene que ver con la modalidad de las sesiones. Torres de Vázquez explicó que una terapia de pareja puede incluir encuentros conjuntos y también sesiones individuales.
Cuando el conflicto está muy avanzado, puede ser conveniente que cada integrante tenga inicialmente un espacio separado para expresar aquello que le cuesta decir frente al otro. En otros casos, ambos pueden comenzar directamente juntos.
La presencia de los dos en una sesión también permite al profesional observar aspectos de la comunicación que no aparecen necesariamente en el relato verbal, por ejemplo, cómo se sientan, la distancia que mantienen, si existe contacto visual, cómo reaccionan ante determinadas respuestas y cuál es la dinámica que se genera durante una conversación.
Las sesiones individuales también cumplen una función importante. Existen temas que una persona puede necesitar abordar en privado y que quedan protegidos por la confidencialidad profesional.
El objetivo no siempre es separar
La terapia de pareja tiene como primer objetivo intentar recuperar y fortalecer la relación cuando existe voluntad de ambas partes.
Torres explicó que si durante las primeras sesiones observa que existe margen para trabajar, plantea un camino concreto. Si considera profesionalmente que la relación ya no tiene posibilidades de reconstruirse, también está dispuesta a comunicarlo.
Para quienes deciden intentar recuperar el vínculo, plantea tres condiciones fundamentales.
La primera es querer de verdad. No alcanza con asistir a las sesiones. Hace falta estar dispuesto a realizar cambios y asumir que el proceso requiere esfuerzo.
La segunda es trabajar sobre uno mismo. Cada integrante debe identificar aquello que le corresponde modificar. La terapia no consiste en llegar para enumerar los defectos de la pareja y esperar que el otro cambie.
La tercera es la constancia. Así como una persona no puede esperar resultados físicos yendo al gimnasio de manera esporádica, una relación tampoco cambia de un día para otro. La continuidad y el compromiso son parte del proceso.

“Yo estoy bien, el problema es ella”
En el consultorio aparece todo tipo de situaciones. La entrevistada contó que en ocasiones uno de los integrantes llega convencido de que no existe ningún problema.
También ocurre que una persona lleva mucho tiempo señalando una situación a su pareja y recién durante la terapia el otro logra comprender el problema.
La función del terapeuta consiste también en ayudar a identificar emociones más vulnerables que muchas veces están debajo de conductas que terminan dañando a uno o a ambos integrantes de la pareja.
La especialista aclaró, además, que, si una de las dos personas no quiere participar ni trabajar en el proceso, la terapia de pareja no llegará a buen puerto.
La terapia antes del matrimonio
Para Torres de Vázquez, buscar orientación durante el noviazgo puede ser una decisión especialmente valiosa.
La especialista trabaja también con procesos de preparación para el matrimonio y relató que ya acompañó a parejas que, después de realizar este tipo de proceso, decidieron no casarse al ver que realmente no eran compatibles o no buscaban lo mismo.
Un dato no menor que dio la experta es que no necesariamente implica que exista falta de amor. Una persona puede querer profundamente a otra y, al mismo tiempo, descubrir que no existe compatibilidad suficiente para construir una vida juntos.
“Querer a alguien no es suficiente”, subrayó.
El enamoramiento también cambia con el paso del tiempo. La convivencia, las responsabilidades, las diferencias de carácter y la llegada de los hijos transforman la dinámica de una pareja, según recordó.
“Cásate y verás… hijote y verás”
La llegada de los hijos representa uno de los mayores desafíos para una relación. “Está la frase ‘cásate y verás’, pero mi esposo suele decir ‘hijote y verás’”, refirió.
Con los hijos aparecen nuevos roles, menos tiempo a solas, cansancio y una nueva manera de organizar la vida cotidiana. Los primeros años pueden ser especialmente absorbentes y todo esto requiere un periodo de adaptación.
Una de las claves, según la especialista, consiste en fabricar espacios para la pareja. No esperar que esos momentos aparezcan espontáneamente, sino construirlos de manera consciente.
Los hombres no son adivinos
Uno de los puntos que Torres de Vázquez abordó con humor fue la diferencia en las formas de comunicación dentro de la pareja.
Muchas veces las mujeres esperan que el hombre entienda determinadas necesidades sin necesidad de explicarlas. La especialista recomendó abandonar esa expectativa y aprender a comunicar de manera directa, clara y específica.
Lo que para uno es obvio, para el otro puede no serlo. Por eso, pedir de manera concreta puede evitar una gran cantidad de malentendidos.
La especialista también instó a aceptar que la otra persona puede hacer algo de una manera diferente a la que nosotros imaginamos. “Hace lo que vos le pedís, pero no lo hace como vos querés”, resumió.
Ahí aparece otra fuente frecuente de conflictos, que es exigir que el otro cumpla una tarea exactamente de la manera en que nosotros la hubiéramos hecho.
Elegir las batallas y aprender a soltar
En una relación de muchos años existen discusiones inevitables. Para Torres, una pareja también necesita aprender a elegir sus batallas.
Hay situaciones que necesitan ser conversadas y otras que pueden dejarse pasar. La acumulación de reclamos también desgasta. Recordar permanentemente aquello que ocurrió la semana pasada, el mes anterior o años atrás puede convertir cada discusión en una lista interminable de errores.
“Hay que soltar”, planteó. Aunque soltar tampoco significa ignorar los problemas importantes, aclaró. Significa aprender a distinguir qué merece una conversación, qué requiere un límite y qué puede dejarse atrás para continuar construyendo la relación.
Volver a mirar por qué elegimos a esa persona
Hacia el final de la entrevista, la especialista dejó una reflexión que resume buena parte de su mirada sobre el matrimonio y las relaciones.
Cuando una pareja atraviesa una crisis, es muy sencillo concentrarse en todo aquello que molesta. Los defectos se vuelven más visibles y aquello que alguna vez generó admiración puede quedar relegado.
Por eso, propone volver a poner el foco en lo positivo. “Por algo le elegimos a esa persona”, señaló.
El matrimonio y las relaciones de largo plazo también implican recordar qué hizo que dos personas se eligieran y reconocer aquellas características que todavía hacen que la vida compartida sea mejor.
Y recordó que pedir ayuda no significa que una pareja haya fracasado. Puede significar exactamente lo contrario: que todavía existe algo que ambos consideran suficientemente valioso como para intentar cuidarlo.
La licenciada Laura Torres de Vázquez comparte contenidos y orientación sobre relaciones de pareja y familia a través de sus redes sociales: @lauTorresVázquez.
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