Revitalizar la esencia de la Amistad para que recobre su esplendor
La amistad en Paraguay es un pacto sagrado sostenido por el ancestral jopói, la reciprocidad activa de darse la mano para cubrir necesidades y alcanzar metas. Esta virtud está arraigada en nuestra cultura y genera lazos tan nobles que el papa Francisco había afirmado con profunda admiración que “todo el mundo tendría que tener un amigo paraguayo”.
Editorial Ultimahora
El doctor Ramón Artemio Bracho creó con amigos la Cruzada Mundial de la Amistad el 20 de junio de 1958 en la localidad de Puerto Pinasco, Chaco, y antes de fallecer tuvo la satisfacción de obtener el reconocimiento oficial por parte de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 3 de mayo de 2011, cuando la Asamblea General aprobó la designación del 30 de julio como el Día Internacional de la Amistad.
Esos datos son muy valiosos, pero son insuficientes si solo recrean de forma estática un paisaje o un retrato vacío de contenido para esta generación. La amistad como bien social ha de actualizarse en cada generación de paraguayos.
La amistad tampoco puede convertirse en una excusa para solapar vicios o la misma corrupción del correligionario, del cercano, del amigote.
La amistad debe ser un espacio de dignificación propia y del amigo. Al quitar la agresividad del lenguaje, el diálogo fluye sin violencia y permite construir relaciones humanas de confianza, cordialidad y de benevolencia, virtudes necesarias para la vida social, sobre todo en un mundo que se insensibiliza por el materialismo y el consumismo reinantes.
Así, el paraguayo, por su historia colectiva, las guerras, las penurias de la pobreza y el enorme esfuerzo cotidiano, ha sabido refugiarse en la amistad para transformar la simple cotidianidad en un refugio de franqueza, alegría compartida en grupo y el respeto por el otro.
El tereré compartido es el rito visible donde estos valores se mezclan, se celebran y se fortalecen a diario. Es una de las expresiones materiales de la vida comunitaria que es un bien espiritual de nuestra cultura hispano-guaraní.
La amistad aquí no es un sentimiento pasajero, sino una trinchera ante los vaivenes que amenazan la paz interior y exterior.
Es una forma concreta de vivir con generosidad y lealtad en la comunidad, mientras pasan las calamidades de los tiempos difíciles que los malos líderes o las ineptitudes del poder de turno generan.
La amistad del paraguayo es virtuosa y en guaraní se expresa con la significativa expresión del angirû, compañero del alma. Desde el vamos, entonces, su definición entre nosotros apunta a comunión en el bien, en la verdad y en la belleza, como ideales de vida.
La amistad no busca la utilidad ni el placer egoísta, sino que desea el bien de la persona amiga, cuyas victorias se viven como propias y cuyos dolores se sufren como si de nuestra familia se tratara.
En ese sentido, la amistad es empatía desinteresada y se convierte en gestos concretos como el compartir cumpleaños, reuniones deportivas, compadrazgos, pero también en la solidaridad a toda prueba en los momentos difíciles.
La amistad exige una reciprocidad consciente y una comunión de vida que sostiene el estilo de vida comunitario del Paraguay profundo.
No ha de deformarse la amistad en amiguismo y compinchismo cínico. No ha de olvidarse su noble raíz cultural, ya que de ella bebe la savia de su pureza y virtud.
Karai y kuñakarai decimos en guaraní al designar al varón y la mujer hechos y derechos, sin importar su estatus social. Solo estas almas libres y dignas pueden vivir la amistad a un nivel que trasciende el tiempo y se vuelve cultura.
Así, el Paraguay es y será reconocido por ser el país de la amistad, con su belleza de alma, que resplandece desde la vivencia de sus valores patrios fundacionales, la justicia, la libertad y la igualdad en dignidad.
Recordamos al papa Francisco, quien afirmó con admiración que “todo el mundo tendría que tener un amigo paraguayo”; dichos vínculos se deben deshacer de tergiversaciones malsanas como el amiguismo, y de una chabacanería agresiva en el trato, siguiendo el sabio consejo del papa León XIV de desarmar nuestro lenguaje apuntando a la dignidad y al bien común.
El bien común debe ser el norte que guíe la amistad social en estos tiempos turbulentos y deshumanizantes. Y el paraguayo tiene el plus cultural de la experiencia acumulada en este sentido. Que la amistad sea siempre signo de distinción de los paraguayos en el concierto de las naciones.
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