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"Pastoral de la Sobriedad" compartió testimonios del poder de Dios en el Novenario en la Parroquia "Nuestra Señora del Perpetuo Socorro"

Publicado el 16/11/2020

La "Pastoral de la Sobriedad" de la Sagrada Familia del Perpetuo Socorro, liderados por Julio Winckler y un staff extraordinario de personas comprometidas con la comunidad pedrojuanina y amambaiense culminó con mucha alegría y renovadas fuerzas su novenario en la Parroquia Nuestra Señora del Perpet


La novena en la Parroquia; con el rezo del Santo Rosario y la Santa Misa, también brindó un espacio de oradores para escuchar los testimonios más sorprendentes de hechos de la vida real basados en el amor y el poder de Cristo en nuestras vidas.

Los testimonios de la Novena realizada desde el 28 de octubre al 5 de noviembre fueron transmitidos en vivo a través de medios televisivos, radiales y en la trasmisión de Facebook Live a través de la cuenta de la Parroquia en la mencionada red social, cumpliendo además con el protocolo sanitario establecido a nivel nacional por la cartera de salud pública.

Julio Winckler mencionó en la apertura de la Novena que “se hace presente el testimonio del poder de Dios dentro de las familias de Pedro Juan Caballero, rescatando a personas excluidas de su familia y de la sociedad, con la oración de sus familiares para alcanzar la cura, la sanación”. Destacó la bendición que recibe PJC a través de este tipo de movimientos.

PRIMER TESTIMONIO

Daniel Arias Peña de 36 años, junto a su esposa Graciela Páez Franco de 33 años, dieron su testimonio del amor de Dios. Están casados y tienen 3 hijos. Hace 6 años Daniel conoció al Señor en un retiro espiritual.

Contó que “a veces es difícil tocar nuestras heridas, a veces nos duele mucho lo que hacemos, lo que fuimos, pero, tengo que testificar que Dios existe, Dios cambia nuestra vida, Dios cambia nuestra familia”.

Comentó que proviene de una familia del campo, oriundos de Loreto, Concepción. De pequeños llegaron a PJC, se considera pedrojuanino puro porque creció aquí y sostuvo que su vida comenzó con un odio a su padre porque los abandonó en esta ciudad cuando eran pequeños, prometió volver y nunca lo hizo.

Sufrieron mucho porque su mamá tenías dos niños más, (sus hermanos) y le fue difícil trabajar y cuidarles al mismo tiempo. Les encargaba a los vecinos, se quedaban solos, ese odio dentro suyo fue creciendo, odiaba a su papá, no queria escuchar su nombre.

Relató que a los 17 años probó el alcohol, cayó en el vicio del cigarrillo, a los 20 años conoció a su esposa, se unieron en pareja y con la oración de su mamá, se casaron, sin embargo; admitió que fue violento cada vez que tomaba bebidas alcohólicas y llegaba a su casa borracho, dirigiendo duras palabras a su esposa embarazada.

“El alcohol y los vicios eran más fuertes que yo”, dijo y que iba con intenciones de agredir a su esposa que ya no aguantaba más tanto maltrato y se retiró a casa de su madre.

Un día, según contó Daniel, llegó un ángel a su casa y le llevó una boleta para un retiro espiritual, era su compadre en el momento en el que él necesitaba de Dios. Pero su corazón duro no permitía que nadie le ayudara, que nadie le apoyara o le hable.

Su esposa le dijo que vaya al retiro, aunque él no quería ir, diciendo que “cómo iba a ser feliz sin el alcohol” y que los retiros “eran para los locos”. Al llegar comentó que le dieron ganas de llorar, que le trataron diferente, le decían; “hermano, tu vales mucho, Dios te ama, el abrazo que me daban los servidores era fuego, yo sentía fuego, yo me sentía amado, yo me sentí protegido en ese lugar”.

Después de esta experiencia con Dios, Daniel perdonó a su padre y le pidió perdón también a él. Se arrodilló y Dios “le mostró su familia, a su mamá, cuanto sufrimiento le dio, como no dormía, su mamá fue y es una guerrera, que no se deja vencer, ella oraba, rezaba día y noche para que él cambie su vida y pueda hacer feliz a su familia”.

Dios “le mostró que un hombre no puede ser feliz sin su familia”. Comentó que su mamá sigue rezando por él, nunca le abandonó en sus oraciones y pidió que los padres sigan orando por sus hijos aun cuando estén caídos en los vicios.

TESTIMONIO DE ANÍBAL NARA

El último dia de la Novena, Julio Winckler dio la bienvenida en el espacio de oradores a Aníbal Nara.

Julio destacó previamente que la “Pastoral de la Sobriedad” es la acción concreta de la iglesia en la prevención y recuperación de la dependencia química y alcoholismo.

Comentó que están cumpliendo 7 años de vida en la Parroquia Perpetuo Socorro trabajando con muchas personas y que “una persona que dio su testimonio hace 7 años, propuso que al día siguiente (sábado) a las 3 de la tarde, se reunieran quienes quieran saber más como ayudarse para salir del alcoholismo y dependencia química”.

Se trataba justamente de Don Aníbal Nara, y desde ese entonces todos los sábados se reúnen para dar orientación y apoyo a la gente para salir de sus enfermedades y vicios. En la pandemia incluso establecieron las reuniones virtuales a través de la plataforma zoom, así con el uso de la tecnología lograron llegar igualmente a la gente necesitada. La Pastoral ha logrado familias recuperadas.

Aníbal Nara comenzó su relato diciendo que tiene 61 años, 3 hijos, 3 nietos y que fue adicto a la cocaína y otras drogas. Dijo que “han sido 22 años de cambio que fueron muy difíciles y estar hablando es muy difícil, no es la droga, es la sociedad y la familia. Los propios amigos, la familia, esa lucha diaria, enfrentar esa sociedad hipócrita y egoísta para salir de una situación tan difícil”.

Contó que tomó la decisión de internarse en Curitiba, luego abrir una librería y acercarse a la iglesia, integrando un grupo de oración del Santo Rosario todos los días a las 5 de la tarde. Durante 8 años de rezar y aprender el santo rosario, cuenta que su pequeña hija le escribía en un cuaderno las oraciones.

Entre lo más destacado de su testimonio, dijo que “aprendió que el problema era él y fue conociendo a Dios cada día más”.

Su hermano - a quien intentó siempre ayudar - falleció a causa de la droga y de ahí decidió ir a ayudar a la gente.

Formándose como “técnico en dependencia química, aprendiendo que el problema no es la droga, que el problema es el ser humano y de toda clase social”. Aníbal sostiene que ningún padre le diría a su hijo que caiga en las drogas.

“La droga transforma al ser humano hacia el mal, tu familia se vuelve tu enemiga, y los padres quedan peor que el adicto”, por eso afirma que - como dice la oración - hay que pedir que “se nos conceda serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar aquellas que podemos y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Dijo que el alcohol es el peor de los vicios, pero lo mejor de todo es no usar nada, estar sobrio.

Con estos y otros muy emotivos testimonios de integrantes de la Pastoral de la Sobriedad se envió el mensaje de esperanza a la sociedad pedrojuanina

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