Pedro Juan Caballero - 3 de junio de 2026
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Ñandejara Kuruzú: Una reliquia de la Guerra Guazú en Pedro Juan Caballero

Publicado el 13/09/2025

CRÓNICA DE UN MILAGRO: En el corazón de Pedro Juan Caballero, una antigua vecina, doña Chiquita, de 86 años, guarda un tesoro con una historia que se remonta a los tiempos de la Guerra de la Triple Alianza. Se trata de Ñandejara Kuruzú, un crucifijo hallado en 1870, al finalizar la hecatombe de Cerro Corá, que ha pasad


La historia, un testimonio de la fe y la resistencia de la mujer paraguaya, cuenta que la reliquia fue encontrada por una de sus bisabuelas. Ella era parte de un grupo de mujeres, ancianos y niños, sobrevivientes de la guerra, que regresaban a pie, desnutridos y enfermos por la peste, desde el último campo de batalla. En sus brazos, la mujer llevaba a su niño, nacido en medio del conflicto, que luchaba por sobrevivir al hambre y las enfermedades.

Un día, agotada por la larga caminata, la mujer se sentó bajo un árbol para descansar. Su niño lloraba desconsolado de hambre, y ella, sin leche para amamantarlo, intentó calmarlo. En ese momento, escuchó un ruido que la intrigó. Al levantar la mirada, vio un bulto de cuero atado a otro árbol. Lo bajó con curiosidad y, al desatarlo, encontró un crucifijo con la figura de Cristo rota.

Tomando la cruz con profunda reverencia y fe, la mujer hizo una promesa: si ella y su niño se curaban de la peste y lograban encontrar refugio y trabajo en Concepción, restauraría al crucificado con su primer sueldo.

El milagro ocurrió. Llegaron sanos y salvos, y la mujer consiguió trabajo en una casa de familia. Fiel a su promesa, mandó restaurar el Ñandejara Kuruzú. La cruz se convirtió en la única pertenencia que la mujer dejó a su descendencia, y desde entonces ha sido custodiada por su familia, pasando de la bisabuela, a la abuela, a su madre y ahora a Doña Chiquita, quien, desde que llegó en Pedro Juan Caballero sirvió en la parroquia en los distintos grupos religiosos.Era de aquellas que visitaba a presos enfermos y a las personas que necesitaban a otros séquito de señoras

Este crucifijo no es solo una pieza antigua; es un símbolo vivo de la fe, la esperanza y la inquebrantable tradición del pueblo paraguayo en los momentos más oscuros de su historia.

Julio Cesar Jara Cabral, poeta y escritor pedrojuanino

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