Los desafíos de Marito en medio de la guerra con Cartes y las ambiciones de sus aliados
Los desafíos de Marito en medio de la guerra con Cartes y las ambiciones de sus aliados
Mario Abdo Benítez asumió la presidencia de la República en agosto con expectativa moderada, casi con escepticismo, y alto riesgo de ingobernabilidad por la crisis interna de su partido (ANR) centrada en la virulenta disputa con Horacio Cartes.
Con las campanas marcando el fin de un año álgido, que fue testigo de una crisis política por la reelección truncada a sangre y fuego, y una elección presidencial que sepultó las ansias de continuidad del cartismo, la gestión gubernativa tiene picos altos de aprobación, pero también altibajos en los primeros 4 meses de ejercicio.
La gestión de Mario Abdo se destaca claramente en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado. Es notoria su determinación personal en esta área, lo que le vale el reconocimiento interno y la aprobación internacional.
La prisión de políticos corruptos y la imputación de otros son también hechos positivos y, aunque sea materia de la Fiscalía o del Poder Judicial, en un país donde el Poder Ejecutivo y el Congreso tienen peso coercitivo sobre ambas instituciones, es esperanzador el giro de los acontecimientos. El tiempo dirá si fiscales y jueces, liberados de la presión política, decidieron hacer su trabajo fruto de la promesa presidencial de recuperar la institucionalidad de la República, o son simples instrumentos de nuevos amos. De todos modos, quienes están tras las rejas, investigados o imputados no pueden alegar inocencia.
En este campo hay consenso en la aprobación de su gestión. Tanto que sus adversarios más feroces no se atreven a cuestionarlo. Otro tema destacado es haber recuperado la palabra. Un presidente que no teme confrontar con la prensa y habla sin intermediarios es una de las características de la democracia.
LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO. Sin embargo, donde no logra calzar es en la forma de gestionar el poder. Marito muestra determinación y coraje en la lucha contra el narcotráfico, pero en otras áreas del Gobierno no se nota la misma voluntad, como si la hoja de ruta no fuera clara ni existiera una coordinación que vigilara las borrosas metas. Los ministerios parecen cotos cerrados con administradores sin agendas precisas. Una situación que si no se corrige podría ser una preocupante señal de debilidad.
Y ese es justamente el problema de Marito: la dispersión del poder. Era de esperar que existiera esta situación teniendo en cuenta que su movimiento se construyó en base a alianzas de poderosos caudillos. Su habilidad fue unirlos para derrotar a Cartes, pero su mayor desafío es que esos caciques sepan administrar sus diferencias, postergar sus ambiciones políticas y económicas para dejarlo gobernar tranquilamente al menos el primer tiempo.
Marito debe delimitar el campo de acción de esa amplia gama de liderazgos con agendas propias. La pelea por la Junta de Gobierno (2020) es una de ellas y aquí sobresalen las aspiraciones de Galaverna, Ovelar, Bacchetta, Nicanor; otros aspiran la presidencia en el 2023 y en esta lista envían señales Wiens, Castiglioni, Alderete y Velázquez. Varios de ellos con ministerios o binacionales, es decir, con cajas propias para sostener sus candidaturas. ¿Cómo hará para evitar un Estado cuadriculado, en el que cada uno gobierne de acuerdo con sus intereses personales, con la consabida corrupción?
DILEMA DE HIERRO. Cuando apenas se apaguen los fuegos artificiales y el año nuevo entre con su oleada de desafíos que exigirán decisiones drásticas, sobre todo en materia económica, Marito debe decidir si continúa con la presión contra Cartes. Aunque políticamente lo dejó magullado al negarle asumir el Senado, ahora busca asfixiarlo por el lado económico. El inmenso poder político del ex presidente radica en los millonarios dividendos que le genera el negocio del cigarrillo. La reciente requisa de un millonario cargamento calificado de contrabando por Aduanas en un puerto clandestino no es casualidad. ¿Lo alineará cortándole el oxígeno con el que financia impúdicamente la política?
Esta línea de fuego no tiene el apoyo de los líderes con mayor peso en Añetete. El vicepresidente Hugo Velázquez, los senadores Enrique Bacchetta y Silvio Ovelar y el hermano presidencial, el ministro de Hacienda, Benigno López, son los gestores de la unidad partidaria. El diálogo se da a través de José Ortiz y el senador Sergio Godoy. Le dicen a Marito que la confrontación no lleva a nada y que necesita gobernar el 2019 en paz, porque luego vienen las internas para la ANR.¿Llegará la sangre al río o el pragmatismo del poder, que implica mucha dosis de impunidad y el “respeto de los negocios”, se impondrá una vez más?
Como todo gobierno colorado, su peor adversario es otro colorado. Marito, por de pronto, no tiene problemas con las desdibujadas bancadas opositoras. En tanto y en cuanto mantenga su batalla con Cartes tendrá el guiño de los liberales duros como Efraín Alegre, el PDP y otros sectores. La otra bancada liberal no es un problema. Blas Llano se alía al poder de turno. Allí radica justamente la vigencia de su liderazgo dentro del PLRA.
2019. El gran desafío presidencial, además de resolver la disputa en la ANR que pasa por pactar con Cartes o eliminarlo políticamente, tiene otros retos más complejos. La crisis educativa y la deteriorada salud pública son problemas graves cuyas soluciones pasan por una profunda reforma tributaria, que ningún gobierno hasta hoy se atrevió a concretar.
Un político cercano al Palacio esbozó temores: “Si Marito no se da cuenta de que la sicosis del servicio militar obligatorio es económica, no entiende nada. Los jóvenes salieron a las calles no solamente para evitar el cuartel, sino principalmente para no pagar la multa. No hay plata, hay poco circulante, su enemigo es la economía”, acotó, señalando que la acalorada guerra con su antecesor no le servirá cuando los bolsillos apremien.
Marito no tiene opciones. Aunque pacte la unidad en la ANR, no puede apartarse de sus promesas. La ciudadanía está cada vez más empoderada y tiene menos paciencia con la corrupción e impunidad. Si pacta con Cartes, perderá otros aliados y le aparecerán otros enemigos.
Si en el 2019 no enmarca mejor su gobierno y no cede ante las presiones de su partido, de sus propios aliados, de los eternos abonados del Estado, el presidente habrá perdido una nueva oportunidad para resarcir al menos una pequeña parte la traición de estos 30 años de democracia, en los que la clase dirigente perpetró este país profundamente desigual, con pocos privilegiados que siguen esquilmando a esa gran mayoría que sobrevive sin perder la esperanza de una vida mejor.
¡Feliz Año Nuevo!





