Pedro Juan Caballero - 1 de noviembre de 2026
Interamericanas

Internas coloradas: Los candidatos y sus mitos en la vidriera electoral

Publicado el 28/05/2017

Pese al discurso sobre militancia, de siete presidentes que lograron imponerse en elecciones para tal cargo entre 1954 y 2013, solo uno puede considerarse militante: Nicanor Duarte. El resto nunca tuvo protagonismo partidario relevante para llegar a la Presidencia. En esta lista de no militantes que ganaron elecciones


Santiago Peña y Mario Abdo Benitez.

Las internas coloradas aparentan una dialéctica previsible: tradición versus renovación. Pero no es sencillo. En el fondo Santiago Peña era una ficha no esperada. Para Marito hubiera sido mucho más cómodo un "viejo colorado", pegable y con poca chance extrapartidaria. HC apuesta al riesgo porque supone doble ganancia. Se vienen unas internas electrizantes.

EL MITO DE LA MILITANCIA

Uno de los mitos más fuertes que hará su aparición será el de la militancia partidaria como factor para lograr la confianza de correligionarios y conquistar el poder. Este es un argumento mentiroso que no tiene ningún asidero en la historia de tres cuartos de siglo del Partido Colorado. Nunca sucedió que un militante de cierta relevancia en el coloradismo terminara siendo presidente, salvo en una sola ocasión: Nicanor Duarte Frutos.

Stroessner ganó su primera elección el 11 de julio de 1954 sin ser militante de la ANR. El presidente Andrés Rodríguez gana los comicios del 1 de mayo de 1989 sin tener previamente una función militante en la ANR. Ni hablar de Juan Carlos Wasmosy que gana las elecciones del 9 de mayo de 1993. Tampoco era un militante de relevancia dentro de la ANR Raúl Cubas, si bien tenía la afiliación temprana y ya fue ministro con Wasmosy.

Si bien no fue colorado, Fernando Lugo, el presidente que asume el 15 de agosto del 2008 no tenía militancia política previa ni contaba con afiliación partidaria. Horacio Cartes que asume el 2013 no era un militante de la ANR. El único que previo a su presidencia formó parte de la Junta de Gobierno con una militancia relevante y en esa condición asume la Presidencia de la República fue Nicanor Duarte.

En resumen: El votante colorado nunca pidió carnet de militancia a sus postulantes a presidente. Al menos es lo que dice la historia.

EL DISCURSO DE CAMPAÑA

Hoy analizamos la probable construcción del discurso electoral de ambos candidatos y cuáles serían los puntos de confrontación que previsiblemente se pueden anticipar en esta campaña que arranca y que recorrerá los próximos siete meses con la intensidad de un electrocardiograma hipertenso.

SANTIAGO PEÑA

Comencemos por el candidato que más centímetros tiene en la prensa y más espacios en la radio y la televisión. Peña tiene un compromiso aparentemente difícil pero con facilidades que son inherentes a su propia figura y personalidad. Tiene un elemento que no es despreciable, buena presencia, un discurso que si bien no es de barricada transmite franqueza.

En todos los sondeos que se han hecho en este tiempo sus rindes en materia de esperanza de buena gestión han sido superiores al de su principal rival Mario Abdo Benítez.

Probablemente el mito que sostendrá Peña se basará en el sostenimiento de un modelo económico que ha logrado substantivos resultados, incluirá avances en el plano social como la cuestión de las viviendas y los números de reforma agraria que en materia de distribución de tierra tiene cifras comparativas considerables. Pero aquí es donde los estrategas de Peña deberán generar un plus porque una candidatura, para tener carácter, lo cual es un gesto que motivará confianza en los votantes, deberá construir un discurso que incluya dos condimentos más aparte de la representación de la continuidad de un proceso. Esos dos elementos son la innovación y la crítica.

El discurso electoral de Peña puede flaquear si solo replica el discurso de Horacio Cartes en el 2013 y no lo innova. El problema no es con la continuidad del proceso sino con la imagen débil que puede transmitir un candidato parado solamente en tal propuesta. Si Santiago Peña sabe imponer un discurso propio, al tiempo de garantizar la persistencia de la personalidad del sector político y el liderazgo al que representa, si al mismo tiempo sabe bajar líneas críticas al respecto de debilidades que se deben superar en tal modelo, estará mucho mejor posicionado para saltar a la cancha en la difícil interna que se avecina.

Claramente el oficialismo instalará su discurso en relación al tema del nuevo modelo de gestión inaugurado por HC. El éxito de este discurso radicará en la sabiduría de sus estrategas de enchufarlo y desenchufarlo a Peña –sucesivamente– para que sepa transmitir su misión de sostener el legado pero al mismo tiempo ofrezca una imagen de autonomía que suscite personalidad.

Si bien Peña ha producido un notable giro discursivo al respecto de este tema, el discurso de Colorado Añetete tratará de echar sal a tal herida y reflotarla las veces que pueda en el tema matrimonio gay, aborto, etc. Es muy previsible que ello ocurra.

El tema de su ex pertenencia al PLRA será el argumento al que los adversarios de las internas tratarán de poner toda la letalidad. No hay dudas que los creativos de Marito no necesitaran tanta inspiración para trabajar un speech que instale transversalmente y durante toda la campaña este tema.

MARIO ABDO BENÍTEZ

El candidato de Colorado Añetete asumirá el mito de la puridad de origen, del pedigree colorado, de la representación más genuina de la historia partidaria.

Es muy probable que la estrategia comunicacional de Abdo Benítez se asemeje bastante a la utilizada durante la campaña electoral para la Junta de Gobierno, basada en la teoría de Alliana (entonces) Peña (ahora) como candidatos sin predicamento propio, manejados con hilos por las manos de Cartes. Por lo tanto es muy posible que la primera "venta" de Abdo Benítez sea la confrontación de un candidato autónomo (él) con un candidato dependiente de otro liderazgo.

Concomitantemente su discurso se basará en la historia y las tradiciones del Partido Colorado, tratarán de contraponer al discurso modernista de Peña la esencialidad del arquetipo colorado, tal como –paradójicamente– supo construir Lino Oviedo en su éxodo hacia la fundación de otro partido. Cae de maduro que su discurso no será proactivo sino de corrosión del adversario, principalmente por las dos razones expuestas en el análisis de Peña, pero fundamentalmente por la pertenencia del mismo al principal partido de oposición al coloradismo, el PLRA, hasta hace poco tiempo.

No hay dudas que Marito basará su discurso en tres líneas: a) exhibir su carnet de colorado desde la lactancia, b) cuestionar la dependencia de Peña de HC y b) embarrar el relato oficial en materia de gestión, transparencia y obras públicas y sociales. Su problema es con la "oficialada" partidaria, caudillos y punteros viven en su mayoría en la otra vereda.

Marito Abdo tiene la ventaja que tienen todos los opositores en las campañas electorales, cuestionar desde las gradas el desempeño del equipo que jugó el partido en la gestión pública. No hay dudas que le sacará el jugo a esta condición. Es fija que aparte de cuestionar el origen político de Peña, el discurso electoral de Marito se enfocará en derribar los relatos más consistentes del gobierno. A las conquistas económicas opondrá la cuestión de las deudas, para el paradigma de transparencia del gobierno ya han guardado los recortes de prensa cuestionando los procesos licitatorios. Es bastante previsible la batería ofensiva del coloradismo disidente.

La debilidad de este sector radica en el relato de las bases. El oficialismo tiene demasiada fortaleza en las seccionales y salvo que en los últimos dos años se produjera una prodigiosa revolución cultural en el coloradismo que hubiera divorciado a la política del aparato, es muy probable que ese elemento sea definitorio en favor de Peña. Pero, naturalmente, eso se observa en la cancha.

Abdo Benítez –pese a tener un discurso moderado y los moderados son menos "pegables"– también recibirá cuestionamientos por el pasado cómplice de su familia con la peor dictadura de todas las épocas en el Paraguay. Aquí hay dos problemas, ningún sector colorado está exento de algún vínculo con la dictadura y en segundo término, en el plano político se puede escabullir aduciendo que no se lo puede juzgar por los actos de su padre. Donde podrían "agarrarlo" es por el lado de los bienes heredados de la dictadura.

En el próximo análisis observaremos la proyección y las alternativas del discurso electoral opositor.

Por AUGUSTO DOS SANTOS, Periodista
Buscador
Lo Ultimo