Pedro Juan Caballero - 19 de julio de 2026
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Gobernadora de Concepción justifica millonaria fiesta de su hija: “Nunca hicimos un derroche”

Publicado el 25/02/2026

Liz Meza gastará unos G. 600 millones en la fiesta de 15 años de su hija, recibiendo una aluvión de críticas. Aclaró que préstamos financian la celebración. Aseguró que nunca hizo derroche, pero justificó el festejo especial.


Liz Meza, gobernadora de Concepción, está envuelta en una polémica por el festejo de 15 años de su hija.

Foto: Gentileza-Gobernación de Concepción.

La gobernadora de Concepción, Liz Meza (ANR-HC), recibió una ola de críticas tras filtrarse el millonario gasto que realizará para festejar los 15 años de su hija, que se realizará este sábado y cuyo costo rondaría los G. 600 millones.

La política colorada defendió la magnitud de los preparativos de la fiesta y aseguró que su familia no se caracteriza por realizar estos gastos. “Nunca hicimos un derroche con mi familia, pero la fiesta de 15 de mi hija ameritaba una celebración”, explicó en comunicación con Radio Monumental 1080.

El hecho salió a la luz cuando funcionarios Dirección Nacional de Ingresos Tributarios (DNIT) retuvieron un camión que transportaba las decoraciones para la fiesta, provenientes del Brasil.

“En Concepción, lastimosamente, no contamos con eso. Contratamos a una organizadora de eventos, ellos contrataron a una transportadora y ahí tuvieron su percance”, agregó.

Sobre el financiamiento de la millonaria fiesta, la gobernadora aclaró que el dinero provino de préstamos familiares.

“Hicimos préstamos, mi marido también lo hizo. El ingreso de mi marido es tres veces más que el mío. Hicimos dos préstamos de G. 500 millones. La fiesta costará G. 600 millones, el resto tiene otro destino fuera de la fiesta”, explicó.

Meza insistió en que la celebración fue planificada con anticipación y que no tiene nada de especial. “Es un cumpleaños común y corriente, la diferencia es que es de la hija de la gobernadora. Lo estábamos organizando hace más de un año ya”, señaló

ultimahora.com

Anónimos celebrando con desconocidos

Por Estela Valdés (25/02/2026): Es cierto que todos los padres anhelamos dar lo mejor a nuestros hijos y hacer que cada momento importante de sus vidas sea inolvidable. No importa la condición social: seamos pobres o ricos, sabemos que nada reemplaza al amor ni a los instantes compartidos con quienes verdaderamente nos quieren.

Los cumpleaños, por ejemplo, son una celebración a la vida. Son espacios pensados para reunir a las personas significativas para el niño o la niña, y para quienes él o ella también lo es.

En esencia, deberían ser encuentros sencillos, cargados de afecto, risas y recuerdos que perduren más allá de las fotografías y los adornos.

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha instalado con fuerza otra lógica. Para algunos, estas celebraciones deben superar lo imaginable: ser cada vez más costosas, ostentosas y desmesuradas.

Se organizan eventos multitudinarios, con centenares de invitados que, en muchos casos, apenas conocen el nombre del homenajeado. Asisten para mirar, consumir y, no pocas veces, criticar.

Son encuentros caros, organizados por anónimos (hasta ese momento) para compartir con desconocidos.

En torno a estas fiestas giran comentarios sobre el origen del dinero invertido, juicios sobre si “corresponde” o no al entorno social de la familia, insinuaciones sobre aparentar lo que no se es. En escenarios así, pareciera que se celebran la hipocresía, la ostentación y la envidia, mientras se exhibe con preocupante naturalidad la ausencia de sencillez y empatía.

El resultado suele ser el escrutinio público, el cuestionamiento social y la presión de tener que dar explicaciones que exponen intimidades innecesarias. Incluso los propios cumpleañeros pueden quedar en medio de señalamientos que nada tienen que ver con la alegría que debería rodearlos.

¿En qué momento la celebración de la vida se convirtió en una competencia? ¿En qué punto el brillo de los reflectores desplazó la calidez del abrazo? En medio del ruido, del espectáculo y de la mirada ajena, corremos el riesgo de perder de vista lo esencial: Que nuestros hijos se sientan amados, ahí está la verdadera fortaleza

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