Pedro Juan Caballero - 4 de junio de 2026
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Dolor, lágrimas e impotencia, dan el último adiós a Tobías, el niño arrastrado por un raudal

Publicado el 19/02/2026

Estudiantes, profesores y otras personas llegadas de varios puntos del Departamento Central fueron a dar el último adiós a Tobías Suárez, el niño que perdió la vida tras ser arrastrado por el raudal en San Lorenzo, en una zona de obras.


Escenas de tristeza y dolor se vieron en el lugar donde velaron los restos de Tobías Suárez, el niño de 12 años que murió tras ser arrastrado por el raudal.

Foto: Renato Delgado.

A las 10:00 horas de este jueves, el cuerpo de Tobías Suárez, el niño de 12 años que murió tras ser arrastrado por el raudal, fue llevado hasta su última morada.

Los restos del pequeño fueron velados en la casa de la abuela materna en la ciudad de Capiatá, recibiendo la visita de vecinos y otras personas venidas de otros puntos del país que llevaron su solidaridad a los padres y los seres queridos del niño fallecido.

El cortejo fúnebre salió de la vivienda y se dirigió hasta el templo de la Parroquia Santísima Cruz para una misa de cuerpo presente, y luego a una funeraria donde se realizó la cremación del cuerpo, por decisión de la familia.

Velatorio de Tobias Suárez.jpg

Foto: Renato Delgado.

Una gran cantidad de personas, vestidas con remaras blancas y portando globos del mismo color, salieron del a vivienda rumbo al cementerio en medio de llantos, signos de impotencia y pidiendo que se haga justicia tras la muerte del niño que fue arrastrado en una zona de obras, en San Lorenzo.

Alumnos y docentes de instituciones educativas también acudieron al lugar para expresar su dolor por lo ocurrido.

Tobías se ganó el cariño de sus vecinos que se acostumbraron al verlo por las tardes vendiendo empanadas en una canasta en su afán de ayudar a sus padres y aportar a la economía del hogar a pesar de su corta edad.

“Te pido perdón en nombre de todos. No merecías cargar con tanto en la espalda, deberíamos haberte cuidado y valorado más”, expresó Manuel Collante, que atiende un puesto de tatuajes y donde Tobías llegaba a vender sus empanadas.

El niño confesó al tatuador que debía caminar todos los días varios kilómetros bajo el sol para lograr una buena venta, y a pesar del cansancio, no se quejaba porque quería llevar el dinero a la casa.

ultimahora.com

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